Novelizando Final Fantasy VII - PARTE 3


Capítulo 3: Perseguida.

En mitad de las tinieblas, una voz familiar, cálida y sincera agita los pensamientos de alguien:
- ¿Puedes oírme?
- Sí...
- Por aquel entonces solo tuve las rodillas raspadas. ¿Qué tal ahora? ¿Puedes levantarte?
- Lo intentaré...
- Tómatelo con calma. Poco a poco...
- ¿Oye qué quisiste decir con eso?
- No te preocupes por mí ahora. Preocúpate de ti.
- ¿Quién eres?
Pero la voz se apaga, interrumpida por otra más sonora. Más real.
- ¡Oh, se ha movido! ¡Hola! ¡Hola!

Cloud recupera el sentido. Nota cierto espesor alrededor de su cuerpo, tendido boca arriba. Con el cuerpo terriblemente dolorido, abre los ojos para ver un gigantesco agujero en un techo. Está vivo. Había caído a los suburbios, reventado un tejado y aterrizando sobre un lecho de plantas. Su vista tarda unos instantes en enfocar el origen de la voz. El rostro que lo observa se retira los mechones de pelo para observarlo mejor con sus ojos esmeralda. Su cesto de flores se encuentra en el suelo. Cloud intenta levantarse, pero es incapaz.

- ¿No puedes levantarte? Espera. -La chica recoge una vara apoyada en la pared, encaja una materia y lanza a Cloud un conjuro que lo alivia-. Estás en la iglesia de los suburbios del sector cinco. Me he llevado un buen susto cuando te vi caer de arriba. Tienes suerte de haber caído sobre el tejado carcomido. Y sobre mis plantas.
- ¿Son tuyas? -Cloud, sintiéndose mejor, hace un esfuerzo y se levanta-. Lo siento.
- No importa. Las flores de aquí aguantan bastante. Sabías que no crecen plantas ni flores, ¿no? -Cloud asiente. Cuando vio su cesto por primera no pudo evitar reparar en él-. Suelen usar plantas artificiales para sustituir las de verdad, pero... por algún motivo, no tienen problemas en crecer aquí.

La chica se agacha y comienza a acomodar las plantas que Cloud aplastó. Cloud pega una ojeada alrededor. La iglesia tenía pinta de no haber tenido visitas en mucho tiempo. Tenía los bancos polvorientos, el suelo astillado y algunas columnas de piedra hundidas.

- Qué pequeño es Midgar, ¿eh? ¿Me recuerdas?
- Sí... -Cloud se hace el pensativo-. Eras el borracho del bar.
- ¡Pero qué maleducado! – soltó mientras Cloud reía.
- Claro que me acuerdo. Nos vimos ayer en el sector ocho. Vendías flores. Y te compré una. -Cloud nota entonces un brillo en los ojos de la chica-. Gracias por curarme.
- ¿Tú también tienes materia?
- Si, es bastante común. Por aquí puedes conseguirla en cualquier sitio.
- Yo tengo una que es especial. No sirve para nada.
- ¿Para nada? Probablemente no sabes utilizarla. -La florista niega con la cabeza.
- No. Estoy segura. Era de mi madre. Me siento segura llevándola-. dice mientras se da la vuelta y señala con el dedo el lazo de tela que sujeta la gran trenza de color pardo que baja por su espalda. Una materia de un blanco singular se encuentra fijada a él. La chica vuelve rápidamente a Cloud con expresión de curiosidad-. Por cierto, no nos hemos presentado, ¿no? Soy Aeris. Encantada. Ya sabes a qué me dedico.
- Cloud. Chico de los recados. -Aeris comienza a reírse-. Sí, ayudo con cualquier cosa que alguien necesite.

Mientras Aeris ríe más fuerte ante la inocencia de Cloud, preguntando qué le parecía tan gracioso, ambos son ajenos a la presencia de alguien que había entrado en la iglesia.

- Perdona, pero... -Aeris ve tras Cloud una persona cortando la salida del lugar. Su silencio alerta a Cloud, que se da la vuelta. Ve un hombre pelirrojo de confiada sonrisa, con un uniforme negro muy fuera de tono con la imagen de los suburbios. Cloud va hacia él pero Aeris lo detiene.
- Puedes hacer de todo, ¿no? Sácame de aquí. Llévame a casa. -Cloud resopla despreocupado.
- Vale, pero te costara algo.
-Mmm, vale. ¿Qué tal una cita?
-Me debes una.

Cloud se acerca al hombre de uniforme dispuesto a preguntar quien es pero una voz foránea, fría y falsa se adelanta a sus intenciones. "Lo conoces", escucha. Cloud actúa en consecuencia:
-Te conozco. Ese uniforme... Eres espía de Shin-Ra. -Un grupo de soldados entra a la estancia.
 - ¿Nos encargamos de él, Reno?
- Aún no lo he decidido. -Cloud valora sus opciones. No es buena idea enfrentarse a ellos. Aeris podría salir herida y tras semejante caída no estaba en condiciones de luchar. Coge a Aeris de la mano y marchan corriendo al ábside.
-Sígueme. Saldremos por el tejado.

Reno los sigue caminando sin prisa sobre la tierra y plantas del sitio.
- ¿A qué esperáis? Vais delante y... -Reno se detiene-. …no piséis las flores.
- ¡Oye, pero si las has pisado!
- Mira qué destrozo.
- ¡Iras a los infiernos!

Cloud y Aeris corren escaleras arriba. El suelo que separa dos tramos de la misma está completamente derrumbado. Cloud salta y le tiende el brazo.
- ¡Vamos! -Aeris salta. Uno de los guardias apunta con su arma pero Reno lo golpea.
- ¡La queremos viva, inútil! ¡Subamos arriba!

Aeris y Cloud, ya en lo más alto, corren por las vigas hacia el boquete, pero este último se para un momento. Ve un barril. Antes de salir, Cloud lo empuja, haciéndolo caer, hundiendo parte de la escalera y aplastando a los guardias.
- ¿Y ahora como subimos, Reno?
- Déjalos estar... no irán lejos.

Cloud y Aeris escapan por el tejado y corren por las pilas de escombros del sector cinco. Lejos de la iglesia, la florista se detiene para coger aire.
- ¡Oye, Espera! No me dejes. Para un poco. -Se sienta un momento mientras jadea-. Uff… todavía me siguen. No se han olvidado de mí.
- ¿Todavía? ¿No es la primera vez que te pasa esto?
- No.
- Ese tipo era de los Turcos. Otra división de Shin-Ra. Se dice que se dedican a buscar miembros aptos para Soldado pero en realidad están involucrados en temas muy turbios a espaldas del público. Espionaje, extorsiones, asesinatos, secuestros... ¿Por qué te buscan?
- No lo sé... -Miente Aeris-. ¿Por qué me has ayudado? Eres de Soldado, ¿no? ¿No trabajas para Shin-Ra también?
- Ya no. ¿Cómo es que reconoces el uniforme de Soldado? No es una unidad que suela frecuentar los suburbios. -Aeris niega con la cabeza.
- No es por la ropa. Aquí abajo se puede comprar de todo.
- ¿Entonces?
- Tus ojos. Ese brillo extraño.
- Son... ojos de Mako. Los tenemos quienes hemos sido irradiados. ¿Cómo sabes eso?
- Simplemente lo sé. Bajemos por aquí.

La pareja cruza el mercado del sector cinco y llega hasta la casa. Un lugar que hace contraste con todo lo que Cloud había visto en los suburbios. Las flores de la chica cubren sus balcones y al lateral de la casa hay un pequeño jardín donde se plantan las flores que se sacan de la iglesia. Los focos cerúleos del soporte central caen directamente sobre la zona y llenan todo de luz. Entran tranquilamente a la casa donde una mujer mayor los recibe.
- ¡Mamá, ya estoy en casa! Este es Cloud. Mi guardaespaldas.
- ¿Guardaespaldas? -La madre de Aeris no oculta su nerviosismo ante sus palabras y el hombre de gigantesca espada-. ¿Han vuelto a por ti? ¿Estás bien? No estás herida, ¿no?
- Estoy bien. Cloud estuvo ahí. ¡Esta es mi madre, Elmyra!
- Encantado.
- Gracias por ayudar a Aeris.
- ¿Qué vas a hacer ahora? Pregunta la florista al exsoldado.
- ¿Hay mucho trecho de aquí al sector siete? Necesito volver al bar de Tifa.
- ¿Es Tifa una chica? -Preguntó inclinándose con una sonrisa.
- Sí.
- ¿Tu novia?
- ¿Qué? ¡No! ¡Es mi amiga!
- ¡Jajajaja! ¡Vale, vale! Sector siete, ¿no? Te llevaré hasta allí.
- Tienes que estar de broma. Ya has visto lo que ha ocurrido. ¿Qué pasa si te ven ahí fuera?
- Estoy acostumbrada.
- ¿Acostumbrada?
- ¡Mamá! Voy a llevar a Cloud al sector siete. Volveré pronto-. La madre se resigna con expresión de disgusto.
- No ganaré nada discutiendo, ¿verdad? Nunca me haces ningún caso. Ya que lo haréis, ¿por qué no vais mañana? Ya es tarde.
- Sí, tienes razón.
- Vale, sube y prepara las camas.

En el momento que Aeris sube, Elmyra se sienta y le dirige unas palabras a Cloud.
- No sé muy bien como decir esto, pero… ¿te importaría marcharte esta noche sin decir nada a Aeris? No quiero que se meta en problemas. -Cloud lo entiende. Asiente y marcha al piso superior. Mientras sube los peldaños escucha a la mujer suspirar.
- Soldado… lo último que necesita esta chica son más malos recuerdos.

Una vez arriba, Cloud encuentra a Aeris saliendo de una habitación.
- Tu cuarto está listo. Tendremos que pasar por el sector seis. Buenas noches. Descansa.

Cloud se tumba en su cama con demasiadas cosas en la cabeza. Esta florista perseguida por los turcos… ¿Cómo es que conoce a los miembros de Soldado? ¿Qué puñetas fueron esas visiones que tuvo los reactores? ¿Y esas voces? ¿Cómo estarán Tifa y Barret? Para cuando quiso darse cuenta, estaba sumido en un profundo sueño y aquella voz familiar, cálida y sincera de la iglesia, lo volvió a visitar.
- Estás mejor ahora, ¿no? Una cama como esta… ¿hace cuánto no la sientes?
Cloud no pensó en el propósito de la pregunta. Se recordó tumbado en una mullida cama. En su casa. Con su madre dándole charlas sobre sentar la cabeza con alguien. Advirtiéndole sobre los peligros de la ciudad y su preocupación por dejar a su hijo con una buena vida. Eran buenos tiempos pero recuerdos muy tristes.


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"Aeris es una niño muy especial"
Por: Orgem

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